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lunes, 14 de julio de 2014

2 ejercicios para transformar tu rutina en disfrute

@b_crespo_2 ejercicios para transformar tu rutina en disfrute
Sí decides leer este post, te aviso que se trata de hacer dos ejercicios. No basta con leer.


Te prometo que al final descubrirás algo interesante y toca hacer los dos ejercicios para llegar al descubrimiento.

Primer ejercicio: Tareas cumplidas y Tareas Incumplidas
Intenta afinar tu memoria y recuerda alguna tarea que te hayas impuesto repetir: hacer deporte, escribir una vez a la semana, leer sobre determino tema, etc. Ahora anota en una hoja aquellas rutinas o tareas que te propusiste y que llevas a cabo. En otra columna anota aquellas tareas, rutinas o propósitos que incumples sistemáticamente. No importa la tarea, no importa tampoco el motivo por el que dejaste de llevar a cabo ese hábito. Sólo recuerda cuándo has incumplido. Te dejo unos minutos para iniciar este ejercicio. 

¿Hecho? Ok. Continúo. 

Ahora por favor concéntrate en la segunda lista. ¿Tienes claro el porqué de no llevar a cabo ese propósito? No importa la razón. Sólo te invito a que mires cómo te sentiste o cómo te sientes por haber incumplido. Te invito a ponerle nombre a esa emoción. ¿Cuál es mi emoción al incumplir mi propósito? Culpa; resentimiento; traición, pereza, ... Y podría seguir metiendo emociones en la lista. Son emociones que la mayoría categorizaría como "emociones negativas" o "emociones juzgadas". 
Dejemos el ejercicio ahí un momento. Luego seguimos.

Segundo ejercicio: Categorizando costumbres.
Ahora volvamos nuestros hábitos, rutinas, costumbres o propósitos -esas tareas o actividades que forman parte de una frecuencia de tiempo conocida: días, semanas, quincenas, bimestres, semestres o años- y hagamos el ejercicio de etiquetarlas en cualquiera de las siguientes categorías: 
Rutina biológica, 
Rutina obsesiva, 
Rutina perseverante, y, 
Rutina apasionada. 

En la primera categoría estarían los hábitos relacionados con el funcionamiento básico de nuestro propio organismo, como por ejemplo, la higiene o la alimentación. Bajo la categoría de rutina obsesiva estarían todas aquellas tareas que al ser interrumpidas o incumplidas, detonan en cada uno de nosotros una necesidad irrefrenable de completarlas, un impulso irracional para finalizar lo no acabado, por ejemplo, volver al coche para asegurarme de haberlo cerrado. 
El tercer tipo de rutina, que he denominado rutinas basadas en la perseverancia, son aquellas tareas repetitivas que sin llegar a condicionar nuestro comportamiento de forma obsesiva, insistimos en cumplir de forma sistemática, como por ejemplo, el hacer deporte a diario o el llamar telefónicamente a un ser querido con una frecuencia determinada. Por ultimo estarían los hábitos apasionados o aquellas tareas que realizamos con una frecuenta no establecida. Parece a simple vista que no son rutinas y sin embargo volvemos a repetirlas en el tiempo. Se trata de actividades que no suponen esfuerzo al llevarlas a a cabo y que formar parte de nuestra vida porque captan nuestra atención hasta el punto de perder la noción del tiempo y relajan nuestra mente. Algunos incluirán en esta categoría escuchar música, jugar, dibujar, o leer un libro, o incluso o relajarse buceando en redes sociales. 
Se trata de tareas que se llevan a cabo de forma espontánea y no planificada, que habitualmente repetimos y que cuando se llevan tiempo sin practicar, detonan cierta sensación de malestar o desequilibrio interno. 

Quizá no sea fácil encasillar todas nuestras costumbres en estas cuatro categorías, yo te invito si has seguido leyendo a que completes este segundo ejercicio. Bastaría disponer al menos de un ejemplo de hábito o costumbre para cada una de las 4 categorías. No pasa nada si la última categoría queda desierta. Y suele ser habitual no encontrar ejemplos en esta última categoría. Luego saldrán al final.

El descubrimiento.
Recapitulando, partimos de rutinas, hábitos o costumbres. Posteriormente, reflexionamos sobre momentos de incumplimiento y asignamos un nombre a la emoción detonada por el incumplimiento de esa tarea. Después, os invité a categorizar ciertas tareas en diferentes tipos de rutina. 

Ahora os invito a conectar los dos ejercicios con la siguiente reflexión. Cuanto mayor es el deseo de llevar a cabo una tarea, menor es el resentimiento o el reproche con uno mismo derivado del incumplimiento. A mayor necesidad o carga obsesiva en el hábito o costumbre, mayor conexión con emociones de las que encasillamos en negativas. Aquellas emociones de las que huimos habitualmente: rabia, culpa, pereza o resentimiento.

Adicionalmente, la cuarta categoría de hábitos puede quedar sin completar con ejemplos personales porque el ser humano suele tender a eliminar de su día a día aquellas tareas que no contribuyen a su trabajo o al sustento y manutención de sus seres queridos. Y precisamente son estas tareas las que habría que convertir en costumbre, porque son aquellas que nos conectan con nuestras habilidades o nuestros dones. Aquellas que hacen de cada uno de nosotros un ser especial y diferente de los demás. Aquellas tareas que nos hacen únicos. Si conviertes estas tareas en tu día a día y además consigues con ellas tu principal fuente de ingresos, creo que estarás muy cerca de haber hecho realidad tus sueños. Y a simple vista no parece difícil el ejercicio. 

Esto se resume una frase sencilla: Cuanto más conecto mis hábitos a mis deseos, cuanto menos necesidades forman parte de mi rutina, más cerca estoy de mi propósito en la vida. Y además el regalo es que estas tareas no requieren esfuerzo porque disfruto realizándolas. De ahí que pierda la noción del tiempo cuando estoy inmerso en ellas.

El descubrimiento pasa por el ejercicio personal de escribir ahora todas aquellas tareas que hace tiempo que no he practicado y que cuando práctico, me hacen sentirme 100% concentrado, mi creatividad es imparable en ese momento, pierdo la noción del tiempo, disfruto del momento y no hay sensación de esfuerzo. Esas tareas hacen que me olvide de mis problemas. Son aquellas tareas que su realización es intensamente gratificante ta sólo por el hecho de realizarlas. 

Parece que dedicar tiempo a convertir la cuarta categoría en una verdadera rutina, tiene su recompensa, ¿no?
Ahora seguro que vuelves al primer ejercicio y decides empezar a llenar la primera columna con más tareas de esta cuarta categoría. Creo que estarás haciendo un gran regalo. Te felicito.  

[Para descubrir más de tus deseos y aquellas tareas que te conectan con tu propósito, te invito a buscar más sobre Mihály Cíkszentmihályi y The Psychology of Optimal Experience]. 




Quantum Markethink - El blog de Bernardo Crespo, Actualizado en: 12:32 a. m.