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lunes, 30 de junio de 2014

El primero de un millón de errores

Y mira que cada vez me cuesta menos decir la palabra ERROR. Y posiblemente sea porque cada me he aficionado más a la forma en la que las empresas reconocen en su web "404:Error Page not found". Será que en el fondo me apasiona ver a una compañía reconcer que no encuentra lo que el usuario anda buscando. No deja de tener su punto de coraje reconocer: "Lo siento, no he sabido encontrarlo". 

Temas frikis a un lado, cada vez que cometo un error me suelo dar un paseo por la vergüenza, incluso deambulo unos segundos por la culpa. Después me tiro un rato algo más largo en la negociación para racionalizar cómo he podido llegar a la percepción de que la realidad no se ajusta a mis expectativas. Y después, y ese después cada vez transcurre de forma más rápida, me detengo en el aprendizaje. Y según avanza mi vida creo que el paso de mi percepción de la realidad no deseada (constatación del error) a la fase de aprendizaje, es algo que ocurre de forma más fluida. Y cuando interiorizo la belleza del aprendizaje es cuanto más vivo me siento. Y ahí, el error, tiene su sentido. 

Imagina por un día irte a la cama sin haber aprendido absolutamente nada nuevo, ¿te sientes vivo?, ¿ha tenido sentido ese día? Yo tengo clara la respuesta. Si hay un momento en que me siento vivo, sonrío, me siento feliz, afortunado, es cuando aprendo algo nuevo. Siento que cada segundo que he invertido en interiorizar esa lección, esa nueva pista, ese nuevo aspecto que a partir de ese momento me hará percibir la vida de forma diferente, ha merecido la pena. Entonces el error cobra todo el sentido y no hay culpa, lo que siento es fortuna. Y se abre un nuevo observador. Ya nunca percibiré la realidad de la misma forma. Y eso es valioso. 

Sólo se está vivo cuando se aprende y el resto es como una Edad Media vital. Si ya sé, no hay espacio para el juego del aprendizaje y eso le resta toda la diversión a la vida. Entre otras caos porque siempre será igual que antes. Un error tiene su punto transformador. Sólo cuando aprendo, me siento vivo, sólo cuando descubro el error, abro el espacio del aprendizaje. Y la belleza no está en el hecho de ahorrarme ese error a futuro, está en la iluminación, en el descubrimiento de algo nuevo. En el hecho de que nada volverá a ser igual después de haber interiorizado ese aprendizaje. 
Y el error facilitó ese espacio. Y mi actitud hizo el resto. 

Así que espero cometer mañana el primero de un millón de errores que me quedan por vivir. 


Fuente imagen: http://www.trucosoptimizacion.com/wp-content/uploads/2012/02/frye-wiles-error-404.png
Quantum Markethink - El blog de Bernardo Crespo, Actualizado en: 11:54 p. m.