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miércoles, 16 de mayo de 2012

Crisis Soberana

No es casualidad que se hable tanto de la crisis de la deuda soberana en estos días. Y para seguir con mi reflexión, me he querido quitar de en medio la palabra "deuda". Me quedo con "crisis" y "soberana". La parte financiera se la dejo a los telediarios. Ahora explico el porqué de que tenga tanto sentido que ambas palabras se miren de forma conjunta.

Cualquiera que viva en España o esté al tanto de que lo que está pasando en estos momentos en Europa, habrá oído de forma "martilleante" estas palabras. Lo único cierto que hay en ambos vocablos -crisis y soberana- es una verdad que nos debería invitar a mirar la realidad de forma diferente. Con espíritu creativo.

Acepto que lo que estamos viviendo es lo más parecido a una crisis: cambio de reglas de juego, momentos de incertidumbre, el pasado deja de explicar el presente o el futuro y la consiguiente pérdida de referentes para cualquier analista. Sí, tiene toda la pinta de que esto es lo más parecido a una crisis. Sin embargo, lo que me ha llamado la atención es la palabra soberana. Me resulta curioso que esta palabra haya salido a la palestra y que después de tanto repetirla, suene natural.

A mi juicio lo que está sucediendo en estos momentos es el final de una forma de hacer las cosas. Hay demasiadas paradojas encima de la mesa como para no pensar que lo que ocurre, nos acerca a una nueva forma de entender nuestra realidad. Más recursos que nunca y más crisis energéticas que nunca; más inversión dedicada a la investigación de enfermedades y más enfermedades incurables; más productividad que nunca y menos producción para repartir entre tantos habitantes en el planeta; más viviendas construidas que nunca y más problemas para acceder a la vivienda; más educación y menos entendimiento; más diplomacia que nunca y más conflictos por resolver; más organismos supranacionales y menos capacidad para obtener acuerdos; más países democráticos y menos credibilidad en la democracia; más información que nunca y menos capacidad o coraje para decidir.

Creo que en la combinación de crisis y soberana hay oculto un mensaje precioso. Y aquí va mi interpretación: Está en la mano de cada uno de nosotros vivir esta realidad como el final de algo, la hecatombe de un sistema, un mensaje apocalíptico sobre el final de nuestro estado de bienestar o simplemente aceptar que se acerca el principio de algo. Y como todo principio requiere adaptación, requiere su curva de aprendizaje. La palabra soberana nos acerca a nuestro potencial, a nuestra capacidad de decidir, a nuestras infinitas posibilidades como seres que crean su propia realidad a partir de sus interpretaciones.

En esta nueva realidad que cada es responsable de crear, no hay explicaciones previas -al menos aún no han llegado. Cada uno ejerce o posee la autoridad suprema e independiente de construir su propio presente.

El viejo pensamiento ha muerto con esta crisis: el merecer, el cumplir las normas para ser premiado, el estar cerca del poder, el pensar que el poder está fuera de nosotros, el esperar la aprobación para actuar, la lealtad en espera de recompensa, el sentirse reconocido para vivir el éxito. Todo eso se ha ido al garete, junto con las especulaciones inmobiliarias, las bolsas, los políticos y con las deudas soberanas. La única soberanía ahora es la que siempre hemos tenido para crear nuestra propia realidad. La soberanía individual.

Ahora aparece un mensaje nuevo: somos lo que estamos decidiendo ser, nuestros miedos son nuestros, nuestras incertidumbres son también nuestras, las noticias incluyen hechos y a veces opinión, y somos cada uno de nosotros los que otorgamos rango de realidad a lo escuchado. Nosotros interpretamos todo y en nuestra mano está ver más allá de un pensamiento enlatado y dominado por otros -medios de comunicación, políticos, organismos "independientes".
La soberanía implica ejercer el poder de decidir si lo que oímos a diario, si lo que pensamos a diario, si lo que hacemos a diario, es nuestra realidad o la realidad de otros. Forma parte de nuestro propósito, de lo que de verdad nos importa de corazón o forma parte de los planes de otros, de la realidad de otro. Y ambas realidades pueden convivir. Lo único cierto es que somos personas y estamos abocados a convivir en este planeta.

Esta crisis nos acerca el mensaje de la autonomía para decidir y crear individualmente, de la autonomía para respetar y amar al de al lado. Siempre hemos sido soberanos para construir nuestro presente, ahora es posible que se vea más claro que nunca. La pérdida de confianza en gobernantes, autoridades ecónomas y estados en general, nos acerca a la soberanía individual. Y eso supone que yo me encargo de mi felicidad. Y mi felicidad está conectada con la felicidad de la persona que tengo al lado. Ese es el sentido de vivir en un mundo global.

Que las palabras "crisis" y "soberana" aparezcan juntas, no ha sido casualidad.

Seguimos hablando.

Quantum Markethink - El blog de Bernardo Crespo, Actualizado en: 2:29 a. m.