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martes, 13 de marzo de 2012

Zapato pequeño o Crecimiento.

Después de una conversación de lo más interesante este mediodía, al llegar la noche me ha venido una frase a la cabeza:"Eludir un conflicto es como calzar un zapato pequeño. Es molesto y termina dejando herida". Justo al terminar de tuitear esta reflexión, me he sentido atrapado en la frase.

Eludir un conflicto, no solo es molesto y siempre deja herida, además nos impide crecer (el pie cuando menos). Que se lo digan a japonesas y chinas y a su dolorosa tradición de vendarse el pie. Basta con hacer un Google de "foot binding" para leer algunas de las barbaridades que suponía vendar el pie de las niñas y el inaguantable dolor que traía consigo la deformación del pie como parte del sometimiento masculino a la mujer. ¿Y que tiene que ver esto con el crecer y los conflictos? Ahora sigo con la reflexión.

@b_crespo_Zapato pequeño o CrecimientoAl terminar de escribir la reflexión, me acordé de algo que leí el año pasado a propósito de las conversaciones públicas y las conversaciones privadas. Decía Rafael Echeverría en su Ontología del Lenguaje que las conversaciones que uno tiene en la cabeza a veces son un obstáculo importante en las relaciones personales. Elucubrar sobre lo que el otro quiso decir y no compartirlo con él o ella, suele ser una fuente inagotable de pérdida de confianza en una relación. Normalmente evitamos tener conversaciones sobre temas que consideramos que la otra persona puede percibir como "molestos" para justificar nuestro miedo a asumir una diferencia con el otro. ¿Por qué no compartir la inquietud?, ¿Por qué no aclarar el malentendido?, ¿Acaso enfrentar la diferencia nos garantiza malestar? A mi juicio todo lo contrario. Cuando mantenemos una conversación con una persona, a menudo en nuestra cabeza se suceden pensamientos que nos guardamos y reflexiones que no compartimos con la otra persona. La mayoría de los pensamientos o conversaciones privadas que nunca llegamos a compartir, suelen ser juicios sobre la otra persona. Juicios fundados o infundados que forma parte de nuestra incansable fuente de miedos: ¿Me estará diciendo la verdad?, ¿Qué ha querido decir con eso?, ¿Estará pretendiendo que yo haga eso?, ¡No se atreverá!, ...

¡Cuánta energía malgastada! No podemos esperar que la otra persona entienda lo que nunca le llegamos a compartir. Si por un momento probáramos a compartir lo que realmente hemos interpretado de nuestro conversar con el otro, descubriríamos la cantidad de conflictos potencialmente evitables.

El refranero español ha podido hacer daño al mal-interpretar el "En boca cerrada no entran moscas". Quiero con este post reivindicar el derecho a compartir, quiero hacer apología de la conversación como vía de solución de conflictos. Basta con legitimar al otro y respetar que desde donde observa y desde donde escucha es posible que crea lo que cree. Cada uno de nosotros arrastra su mochila de interpretaciones y cada uno de nosotros pretende lo mejor para sí mismo. Legitimar al otro en la conversación es respetar que su discurso es posible en su mundo interpretativo. Al igual que el nuestro cobra sentido desde nuestro mundo interpretativo. Y ambos mundos conviven en el mismo espacio temporal. Y ambos son posibles.

Decía Humberto Maturana que la diferencia entre percepción e ilusión está en el hecho de que en la segunda, he descubierto que por un momento mi percepción de la realidad fue errónea. Algo externo a mí, me permitió descubrir a posteriori que mi percepción no era la que yo creía. Basta con recordar haber confundido a un extraño con un conocido. Todos hemos pasado por eso alguna vez. Dado que siempre nos quedará la duda de transformar nuestras creencias actuales en ilusiones futuras, cuando menos deberíamos comprobar a través de la conversación si nuestros pensamientos no compartidos, coinciden o no con lo que el otro pretendía decirnos. En otras palabras, no transformemos nuestras expectativas o nuestras interpretaciones en posibles reclamaciones, sin haber agotado la vía de la conversación. Aclaremos las conversaciones privadas y afrontemos el conflicto.

Siguiendo con Maturana, amar es legitimar al otro como legítimo otro. Asumir que no es posible distinguir entre percepción e ilusión nos debería abrir el espacio de la legitimación del otro desde su espacio interpretativo. Desde donde creemos que vemos, nuestra realidad es siempre la cierta y también es cierta la del otro.
Asumir un conflicto es un ejercicio de legitimación del otro. Es un ejercicio de amor y respeto por el otro. Cada vez me queda más claro que eludir un conflicto impide crecer.

El "pie de japonesa" o "foot binding"se abolió en 1911. Hace justo un siglo. Yo creo que ya toca empezar a enfrentar los conflictos a diario como parte de nuestro crecimiento personal, ¿No?

... Seguimos conversando.

[Ver Aprendizaje de esta Semana XXVIII ]

Quantum Markethink - El blog de Bernardo Crespo, Actualizado en: 12:32 a. m.